jueves, 12 de noviembre de 2015

Es posible un país progresista y productivo, al mismo tiempo.

Todo el mundo está de acuerdo en que Maduro lo está haciendo rematadamente mal. 
Pero… no todos están claros que el principal responsable del desastre que vive el país no es, no puede ser él. 
Porque Nicolás no tiene el "calibre" necesario para causar un desaguisado de ese tamaño. El deterioro de la situación desde el fallecimiento del "prócer bolivariano" se debe, sólo marginalmente, a los errores, torpezas y estulticia de su heredero.  
El responsable es Chávez. Y la causa principal de la actual situación, como entiende toda persona con dos dedos de frente, es el carácter no sustentable de la "revolución".  
Y la "bonanza" (muy relativa, sólo para ciertos sectores) de sus años dorados se debió, única y exclusivamente, a la escalada de los precios del petróleo. Así cualquiera. 

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Ahora, más allá de los resultados del 6D, tendremos que enterrar a Chávez. Hacerlo de verdad. 
Y para ello, tendremos que convencer a los chavistas de que es posible un país progresista sin renunciar al crecimiento económico.  
No va a ser fácil, claro. Porque gran parte de la clase media, la “intelligentsia” y los intelectuales, los periodistas y la clase política, entre “fueras” a Maduro y protestas por sus exabruptos no parecen tener muy claro lo que habría que hacer. Cómo renunciar al paternalismo que nos ha llevado a la actual situación sin caer en los excesos del liberalismo salvaje. 
Lo que pasa es que toman en cuenta las excepcionales condiciones de nuestro país para propiciar el crecimiento sin renunciar a un cierto nivel de intervencionismo estatal. 
Evidentemente, no estoy propiciando una receta liberal químicamente pura para nuestro país. No funcionaría, no puede funcionar (aunque nunca se ha aplicado en forma pura). Tenemos demasiada pobreza en el país para salir de ella sin una "componente social-demócrata" en el gobierno.  
Pero afortunadamente, seguimos teniendo la beca del petróleo. Esa que nunca hemos sabido aprovechar. 
El gobierno o régimen que suceda al chavismo, debería elaborar y negociar un proyecto alternativo que aproveche el inmenso potencial productivo del país -y la probada eficacia de los regímenes liberales para construir sociedades viables- para invitar al empresariado, nacional y extranjero, a construir, empresas y capitales, fábricas, puertos, universidades y almacenes, flotas pesqueras y bibliotecas, piscifactorías y aeropuertos, centrales térmicas y museos…   
Y , simultáneamente, utilizar gran parte de los recursos provenientes del petróleo (la beca) para corregir las evidentes ligerezas de "la mano invisible del mercado" y paliar o minimizar las grandes necesidades de los sectores populares.  
Necesidades que, en gran medida, por supuesto, serán cubiertas por la riquezas y las oportunidades generadas por la empresa privada. Pero que durante cierto tiempo todavía necesitarán apoyo técnico y financiero del Estado, para atender las necesidades en materia de salud, educación y vivienda, sobre todo. 
Por supuesto, ese gobierno tendría que abandonar las tesis "igualitaristas", que permiten el acceso de cualquier ignorante de verbo encendido al poder. Para evitar que los paracaidistas y los choferes de autobús gobiernen en un país con vocación de futuro. 
Los militares no pueden acceder al gobierno, nunca. Los curas, por otras razones, tampoco.  
Sólo profesionales que, académica o profesionalmente, hayan demostrado su capacidad de gerenciar un país.  

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La oposición debe pactar y comunicar al país un acuerdo nacional que garantice ―sin excesos retóricos, sin proclamas filosóficas, sin ideologías redentoras― medidas concretas para la reactivación del aparato productivo, sin trabas demagógicas que la hagan imposible. Pero con los correctivos que puede y debe establecer un Estado rico en un país pobre. Utilizando los recursos del petróleo. La oposición debe comunicar al país y poner por escrito su compromiso de: colaborar con el empresariado en el fortalecimiento del aparato productivo. Asegurar la transparencia. Fortalecer el aparato judicial para minimizar la corrupción y los guisos. Dictar, de inmediato, leyes realmente disuasorias contra la corrupción. Focalizar sus esfuerzos en la salud y la educación. Diseñar y estructurar un sistema de Seguridad Social generoso, en la línea del Estado de Bienestar europeo y, muy en particular, la de los países escandinavos. 
Y utilizar los recursos del petróleo para financiar todo lo que el estado liberal no pueda. 

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Sí, es posible ser productivo y progresista al mismo tiempo.

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