sábado, 19 de diciembre de 2015

Constitución. Las reglas del juego.


¿Alguna vez te has puesto a jugar sin haberte puesto de acuerdo, previamente, sobre el juego al que están jugando? ¿Sin acordar las reglas de ese juego?
 

Si lo has hecho... probablemente no te importaba ganar. En un contexto de "lo importante es divertirse", suena razonable. Sea poker o tute, Baseball o "Quidditch".
 

Pero si las apuestas son importantes, como a la hora de hacer funcionar un país, la cosa cambia. Sobre todo si la situación de ese país es realmente crítica. Más aún, como suele ocurrir, si existen las más diversas opiniones no sólo sobre "como alcanzar" los objetivos nacionales sino sobre la naturaleza misma de esos objetivos. 

La Constitución, mi amigo, son las reglas del "juego político de un país". Las de toda una colectividad nacional. Y como, siguiendo con mi metáfora, es mucho lo que está en el tapete, resulta absolutamente imprescindible que nos pongamos de acuerdo sobre la naturaleza del juego, sobre sus objetivos, sobre las responsabilidades de cada jugador, sobre los recursos de los que podemos disponer y de los que no. Sobre las jugadas permitidas y las que están absolutamente prohibidas en este juego y consideradas "trampa". 


Las anteriores reglas de juego... no parecen haber servido de mucho. Y no sirven, desde luego, para entusiasmarnos a todo con un nuevo proyecto nacional.

La idea es organizarnos para responder objetivamente a las necesidades de una gran cantidad de individuos, de los más diversos grupos humanos. En una sociedad cada vez más compleja y más competitiva, las reglas deben estar orientadas a coordinar esfuerzos. No a entorpecernos mutuamente. 

  • Este acuerdo debería comenzar por definir quienes son los jugadores. Si todos creemos que el principal protagonista político es el "pueblo", empecemos por definir lo que eso significa. Porque esa dichosa palabrita ha dado lugar a muchos equívocos y debería ser lo más integradora posible, en un país esencialmente mestizo, cultural y racialmente. Un pueblo con una importante componente africana. Con cierta componente indígena. Con fuerte influencia europea (por la fuerte inmigración española, portuguesa, italiana, pero también alemana, rusa, mi apellido es Kashkaroff). Nuestro país es un complejo mosaico de minorías. No otra cosa es el "pueblo". No puede ni debe serlo.
  • Por otro lado, el acuerdo debería puntualizar el papel de cada jugador. Porque el manido recurso de "somos todos iguales" no sirve ni para el baseball (el pitcher y el segunda base, por ejemplo, cada uno tiene sus responsabilidades) ni para el "pueblo". 
Porque los médicos tienen un papel y unas responsabilidades. Los economistas, otros. Los conductores de autobús y los jugadores de beisbol profesional. Los militares y los empresarios. Los estudiantes y los abogados. Los agricultores y los técnicos en informática. 

Los "gobernantes", los responsables de los poderes públicos, por supuesto, tienen un papel y unas responsabilidades fundamentales. Y claro, deben estar tan calificados para desempeñar su papel como un médico o un economista. O más.

  • Este acuerdo debe definir también, sin entrar en demasiados detalles pero con toda claridad, "lo que queremos alcanzar", tanto en términos de objetivos como -a grandes rasgos- en cuando a la forma en la que nos organizaremos para alcanzarlos de la forma más eficaz y eficiente posible. Eso, en un mundo donde esa eficiencia ya no puede ser medida sólo en términos de "trabajo". Pero tampoco exclusivamente en términos de "capital ", puro y duro. 
Porque hoy, cada día más, lo fundamental es el "know how" y, sobre todo, el "know how colectivo". Tenerlo o no es la principal ventaja económica ... o la principal carencia de un país. Así, la diferencia entre el "capital simple" y el "capital inteligente" es lo que Ricardo Haussman, otro criollo que debería estar integrado al país, llama la "materia oscura". Esa, señala Haussman, es la causa fundamental de que Estados Unidos siga siendo una potencia aunque acumule deudas en términos de "capital simple". Porque Estados Unidos es un gran exportador de "know how".
  • Este acuerdo, añadamos para terminar, debe ser lo suficientemente flexible para responder a las necesidades y exigencias de un mundo que cambia vertigiosamente, sin tener que redactar un nuevo acuerdo cada dos por tres.
Mi opinión personal, una más de las que hay que concertar, supongo, este acuerdo debería tener una buena dosis de liberalismo. Con algo de mercado (para sentar las bases de una economía productiva) y algo de estado (para implementar los acuerdos del pacto constitucional y vigilar su cumplimiento), necesariamente ccomplementarios. 

Con un toque de socialdemocracia, absolutamente imprescindible en nuestro país. 

Deberíamos terminar, lo antes posible, con el presidencialismo, tan proclive al caudillismo, e introducir el sistema parlamentarismo. 

Y deberíamos descentralizar el país, concretando el sistema federal.
 

Esas, creo, podrían ser unas buenas reglas de juego.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Es posible un país progresista y productivo, al mismo tiempo.

Todo el mundo está de acuerdo en que Maduro lo está haciendo rematadamente mal. 
Pero… no todos están claros que el principal responsable del desastre que vive el país no es, no puede ser él. 
Porque Nicolás no tiene el "calibre" necesario para causar un desaguisado de ese tamaño. El deterioro de la situación desde el fallecimiento del "prócer bolivariano" se debe, sólo marginalmente, a los errores, torpezas y estulticia de su heredero.  
El responsable es Chávez. Y la causa principal de la actual situación, como entiende toda persona con dos dedos de frente, es el carácter no sustentable de la "revolución".  
Y la "bonanza" (muy relativa, sólo para ciertos sectores) de sus años dorados se debió, única y exclusivamente, a la escalada de los precios del petróleo. Así cualquiera. 

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Ahora, más allá de los resultados del 6D, tendremos que enterrar a Chávez. Hacerlo de verdad. 
Y para ello, tendremos que convencer a los chavistas de que es posible un país progresista sin renunciar al crecimiento económico.  
No va a ser fácil, claro. Porque gran parte de la clase media, la “intelligentsia” y los intelectuales, los periodistas y la clase política, entre “fueras” a Maduro y protestas por sus exabruptos no parecen tener muy claro lo que habría que hacer. Cómo renunciar al paternalismo que nos ha llevado a la actual situación sin caer en los excesos del liberalismo salvaje. 
Lo que pasa es que toman en cuenta las excepcionales condiciones de nuestro país para propiciar el crecimiento sin renunciar a un cierto nivel de intervencionismo estatal. 
Evidentemente, no estoy propiciando una receta liberal químicamente pura para nuestro país. No funcionaría, no puede funcionar (aunque nunca se ha aplicado en forma pura). Tenemos demasiada pobreza en el país para salir de ella sin una "componente social-demócrata" en el gobierno.  
Pero afortunadamente, seguimos teniendo la beca del petróleo. Esa que nunca hemos sabido aprovechar. 
El gobierno o régimen que suceda al chavismo, debería elaborar y negociar un proyecto alternativo que aproveche el inmenso potencial productivo del país -y la probada eficacia de los regímenes liberales para construir sociedades viables- para invitar al empresariado, nacional y extranjero, a construir, empresas y capitales, fábricas, puertos, universidades y almacenes, flotas pesqueras y bibliotecas, piscifactorías y aeropuertos, centrales térmicas y museos…   
Y , simultáneamente, utilizar gran parte de los recursos provenientes del petróleo (la beca) para corregir las evidentes ligerezas de "la mano invisible del mercado" y paliar o minimizar las grandes necesidades de los sectores populares.  
Necesidades que, en gran medida, por supuesto, serán cubiertas por la riquezas y las oportunidades generadas por la empresa privada. Pero que durante cierto tiempo todavía necesitarán apoyo técnico y financiero del Estado, para atender las necesidades en materia de salud, educación y vivienda, sobre todo. 
Por supuesto, ese gobierno tendría que abandonar las tesis "igualitaristas", que permiten el acceso de cualquier ignorante de verbo encendido al poder. Para evitar que los paracaidistas y los choferes de autobús gobiernen en un país con vocación de futuro. 
Los militares no pueden acceder al gobierno, nunca. Los curas, por otras razones, tampoco.  
Sólo profesionales que, académica o profesionalmente, hayan demostrado su capacidad de gerenciar un país.  

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La oposición debe pactar y comunicar al país un acuerdo nacional que garantice ―sin excesos retóricos, sin proclamas filosóficas, sin ideologías redentoras― medidas concretas para la reactivación del aparato productivo, sin trabas demagógicas que la hagan imposible. Pero con los correctivos que puede y debe establecer un Estado rico en un país pobre. Utilizando los recursos del petróleo. La oposición debe comunicar al país y poner por escrito su compromiso de: colaborar con el empresariado en el fortalecimiento del aparato productivo. Asegurar la transparencia. Fortalecer el aparato judicial para minimizar la corrupción y los guisos. Dictar, de inmediato, leyes realmente disuasorias contra la corrupción. Focalizar sus esfuerzos en la salud y la educación. Diseñar y estructurar un sistema de Seguridad Social generoso, en la línea del Estado de Bienestar europeo y, muy en particular, la de los países escandinavos. 
Y utilizar los recursos del petróleo para financiar todo lo que el estado liberal no pueda. 

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Sí, es posible ser productivo y progresista al mismo tiempo.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El altruismo y el "hit parade" evolutivo


Solemos pensar que el "altruismo"(1) es un comportamiento extraño (o, incluso, "francamente sospechoso", añadiría alguno).
En el mejor de los casos, solemos reconocer que es un comportamiento "deseable". Porque ser "buena gente", "buen vecino" y "buen ciudadano" suele redundar en el reconocimiento público de esas virtudes. En la generación de menos conflictos, casi siempre. E incluso, muy probablemente, en un incremento de la convivencia, de la "paz social".
Y claro, nunca faltará quien señale que ese comportamiento es el único realmente cristiano. El que nos garantiza, seguro, el reino de los cielos.
Pero, asumámoslo, confesémoslo, el reino de los cielos no es un objetivo prioritario para la mayor parte de nosotros.
Y ya sintiéndonos inmersos en el cinismo nos decimos de inmediato, con gran aplomo y una sonrisa inteligente, que el egoísmo (aunque no sea moral, ni ético, etc. etc.) es una actitud más "natural". Más adecuada para la competencia y la supervivencia del más apto. "Sobre todo en nuestros días" (como si estos fueran más amables, más civilizados que los ya lejanos de nuestros tatarabuelos cavernícolas o nuestros abuelos, caballeros o campesinos medioevales).
Incluso hacemos mención de esos famosos "genes egoístas" cuyo único fin es perpetuarse.
Pero eso, amigos ... no es estrictamente cierto. 
Porque ha sido el comportamiento altruista el que permitido la supervivencia de la especie humana. Y su carrera de éxitos hasta alcanzar el primer lugar del "hit parade" evolutivo.
Porque nos ha permitido, a un pequeño animalito, débil, lento y frágil (comparado, por ejemplo, con un gorila, una gacela o un rinoceronte), salir a cazar mamuts. Y defendernos, con éxito, de todos los depredadores del planeta.
Alguno dirá -sólo por discutir, claro- que no ha sido el altruismo, sino la inteligencia.
Pero lo cierto es que nuestros tatarabuelos no empezaron por diseñar un ordenador o la vacuna contra la polio. 
Comenzaron utilizando su privilegiada materia gris para llegar a la conclusión de que sólo podíamos sobrevivir trabajando en equipo. Lo cual implicaba ayudarnos los unos a los otros, constantemente. Cada vez que la supervivencia estuviese en juego. Es decir: casi siempre.
La conducta altruista, aunque implique (por definición) procurar el bien de las personas "de manera desinteresada", casi siempre terminaba redundando en beneficio objetivo del grupo, de la colectividad. 
Con esta "inteligente" opción por la conducta altruista el hombre fue edificando sociedades cada vez más complejas, más ricas, mejor equipadas para la vida. El nivel de aporte de cada individuo a la colectividad, por supuesto, variaba de un grupo humano a otro. De una cultura a otra. Pero el "egoista", el que -pudiendo- no aportaba nada a la sociedad, casi siempre terminaba siendo repudiado por ésta. 
Y, a partir de aquí, algunas colectividades, grupos humanos, culturas, países, han progresado más que otros. En gran medida porque han logrado una más eficaz colaboración entre sus integrantes. Porque han logrado canalizar con mayor efectividad sus conductas altruistas.
Esto, que ya me parecía bastante razonable, ahora está siendo científicamente avalado,  desde un perspectiva genética. Porque ahora algunos autores sostienen que la selección natural actúa sobre entidades diferentes del organismo individual. Concretamente, sobre grupos, sobre colectivos y especies. Aquí tienen los artículos que inspiraron éste.  


El 6 de diciembre pondremos a prueba nuestro altruismo. No lo olvides.
 
(1).- Altruismo: Tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio.

sábado, 11 de abril de 2015

¿Eres "igualito" a Maduro?



Y ya puestos a hacer preguntas capciosas: ¿Dirías que Maduro es igual a Chávez? ¿O quizás a Capriles? ¿A Obama, tal vez?
¿O quizás creas que Chávez era idéntico a Mao Tse Tung? ¿O a Castro? Y ya puestos, ¿será que Raúl es igual a Fidel? ¿Era Chávez igual a Carlos Andrés? ¿A Bill Gates? ¿A Lorenzo Mendoza?
Y si quieres hacer aún más obvias las respuestas, ¿Es Maduro "igualito" a Corina?

martes, 16 de diciembre de 2014

Independencia... ¿de quién?



En el imaginario popular socialista, la promesa / “boutade” de “Tenemos Patria” está estrechamente vinculada con otro candidato a disparate: la “independencia”.
Y no es que el tema sea baladí, no. La Independencia del Imperio Español fue extremadamente importante para Venezuela y para todas las colonias. Pero el sistema colonial casi ha desaparecido del escenario mundial.

sábado, 12 de julio de 2014

¿Cuál "Yo-Incluido-cracia" prefiere usted?

"Creo en la democracia" es una afirmación que así, a bote pronto, a principios del siglo XXI, suscribiría casi todo el mundo.
Siempre que uno mismo esté claramente incluido en el prefijo "demo", por supuesto. Y ocupe un lugarcito en el trono.
Quizás por eso, para prever problemas, todos se apresuran en explicarnos su visión particular de la palabra "pueblo". A quiénes incluye. A quiénes no. 
Pero cualquiera con un coeficiente intelectual superior al de una ostra debería comprender que ese término, inevitablemente, debe incluirnos a todos. Sin excepción alguna.

domingo, 6 de abril de 2014

Somos cada vez "más Pueblo".

Casi todos los analistas, articulistas y líderes políticos coinciden en la importancia capital del "pueblo" para la acción política. Según el caso y con significativos matices parece que es muy importante trabajar para el pueblo, por el pueblo, de acuerdo a la voluntad del pueblo, etc., etc., etc.