domingo, 20 de mayo de 2018

Aristocracia electiva. Una alternativa a la "democracia".



En un discurso pronunciado en la Casa de Comunes, el 11-11-1947, Winston Churchill dijo: "se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando". Y eso es cierto, sin duda alguna. Pero...
  • ¿Significa eso que nunca se darán las circunstancias para que se plantee otra forma de gobierno algo mejor? 
  • ¿Significa que no debemos seguir buscando? 
Hoy la situación es peor que antes y existen algunas alternativas, como plantearé poco más adelante.

Primero explicaré porque afirmo que es peor que antes. Por Berlusconi. Por Trump. Por Chávez. Por el Brexit. Por el triunfo de la Liga Norte y el Movimiento 5 estrellas en Italia. ¿Hacen falta más ejemplos? La democracia se ha asentado. Y "el pueblo" vota lo que quiere. Es decir:
  • Lo que les dicta su poca formación. 
  • O su escasa inteligencia (un rasgo dominante en la humanidad, en cualquier país del mundo). 
  • Y/o, en gran medida, la mala información, hoy peor que nunca gracias a las redes sociales, donde el periodismo también se ha hecho "democrático" gracias a las "redes sociales" (con muchas virtudes, por otro lado. Soy fanático de ellas). 
Antes de seguir, quiero destacar algo muy importante. Eso que llamamos "democracia" es una entelequia. Estrictamente hablando, nunca ha existido una democracía, en ningún país del mundo.

Porque nunca el demos (pueblo) ha tenido el kratos ("poder" o "gobierno"). Lo más a lo que se ha llegado es a una "dimagogos cracia" electiva. En casi todo el mundo, el "demos" se limita a elegir libremente a los sinverguenzas o incapaces (sí: puede ser que haya una que otra excepción) que lo gobiernan.

Una alternativa es la que ha elegido China. Generación de recursos: una economía "capitalista". Gobierno: en manos de un grupo, una élite, adscrita a un único partido. Ventajas: es difícil que un imbécil o alguien incapaz acceda al poder. Desventajas: se pierden los eventuales aportes políticos de los no pertenecientes al partido, una mayoría del país.

Sugiero otra alternativa. Economía capitalista. Altos impuestos puestos al servicio de un Gobierno elegido por el pueblo. Pero la división de poderes (cosa que sigue siendo fundamental) sería de la siguiente manera:

Poder legislativo: estaría directamente en manos del pueblo (cuidado: el "pueblo" es "todo el país". Todos). Democracia directa, vía Internet. Pero la participación en el proceso legislativo no es igualitaria, sino rigurosamente calificada. ¿Cómo?

Todas las leyes o proyectos de ley que se vayan a votar se dividirían en determinados áreas bien especificadas: economía, justicia, minería, comunicaciones, educación, salud, obras públicas, defensa, cultura, exportación, agricultura, etc. Y claro, "política".

Cada ciudadano tendría que "registrarse" como "legislador" en cada área en las que piense participar. Y tendrá más votos si puede demostrar su competencia en esa área. Por sus estudios o por su experiencia profesional.
En caso contrario, además de ser sometido a un examen que determine si está "más o menos informado sobre el tema", su voto valdrá el mínimo.

Poder ejecutivo: Todos sus integrantes: el presidente, los ministros, directores y subdirectores de ministerios y diversas oficinas gubernamentales, etc. serían "funcionarios", muy bien pagados, elegidos por el pueblo. Ellos gerenciarían y administrarían el "día a día" pero, una vez más, debemos señalar 4 "pequeños detalles":
1)    Serían elegidos por el pueblo pero, una vez más, el voto sería estrictamente calificado. Cada persona tiene un voto, claro. Pero (y esto no es más que un ejemplo):
(a)  Los que hayan terminado bachillerato, tendrían 1 voto más.
(b)  Los que hayan terminado universidad, otro más.
(c)  Los que tengan una empresa "funcional" que dé trabajo a varias personas y puedan probarlo, otro más. 
(d)  Los que hayan tenido éxito profesional, otro más. 
2)    Todos ellos, los altos funcionarios, deben ser los mejores, los más calificados. Para ello, deben acreditar su CI, su salud mental, sus estudios y/o sus logros profesionales. 
3)    Serían muy bien pagados. Con una excelente pensión. Y una absoluta prohibición de las llamadas "puertas giratorias".
4)    Serían sometidos a una rigurosa vigilancia, con controles "redundantes", para evitar peculado, latrocinio y tráfico de influencias.
5)    Tendrían responsabilidades penales sobre su ejecutoria. Y sobre el cumplimiento de sus "promesas electorales".

Poder judicial: profesionales altamente calificados. Sometidos también a un riguroso escrutinio.

Este sistema me gustaría llamarlo "aristocracia electiva" (aristos: sobresaliente, el mejor). Esta palabra ha sido muy desprestigiada, claro, pero el principal problema de lo que antes llamaban "aristocracia" es que era hereditaria, lo cual era un sinsentido, una cretinada. Incluso si sus antepasados hubiesen sido los mejores (y los sistemas para elegir a los mejores, en aquella época, era "un tanto" primitivos), no significa que sus descendientes lo sean.

sábado, 13 de enero de 2018

"La forma del agua". Una obra maestra.


Guillermo del Toro ya es, sin duda alguna, uno de los pocos grandes cineastas latinoamericanos. Un artista. Un poeta de la imagen. Admiré su "Laberinto del Fauno" y hoy quede fascinado con "La forma del agua", un extraordinario, memorable, cuento de hadas que le valió el León de Oro a la Mejor Película en el Festival de Cine de Venecia y el Premio a la "Mejor Dirección" en el festival de Cannes de este año.
Escrita por el propio del Toro y por Vanessa Taylor, protagonizada por Sally Hawkins, Michael Shannon, Richard Jenkins, Doug Jones, Michael Stuhlbarg y Octavia Spencer, cuenta la historia de Emilia, una trabajadora de la limpieza, muda, que trabaja en un laboratorio del gobierno. Sus únicos amigos son una colega en las labores de limpieza y un artista de avanzada edad, homosexual.
La acción transcurre en los años 0. Emilia se enamora de una criatura acuática, un hombre pez al que someten a diversos experimentos en ese laboratorio. Las acciones del villano responsable de esos experimentos están aderezadas con las de la contrainteligencia rusa, que pretende aniquilar al tritón.
La película, con un lenguaje muy poético, nada cursi, con humor y buen gusto, habla de intolerancia, de hipocrecía, de respeto a la diversidad, …
Todos los actores son extraordinarios. La escenografía y la puesta en escena son realmente memorables. La banda de sonido, excelentes, adecuada, inolvidable.

Y el final, realmente inesperado.

lunes, 11 de diciembre de 2017

"Los despegues son opcionales. Los aterrizajes son obligatorios". Proverbio aeronáutico.


Liquidar la 4ta república, construir el Socialismo del Siglo XXI, acabar con la exclusión, poner fin a la miseria y construir el paraíso en la tierra parecía ser un hermoso vuelo de la imaginación. Y Venezuela, más o menos unánimemente, decidió emprenderlo.
Pero, ay, no hemos logrado arribar a la tierra prometida.
En vista de ello, tarde o temprano, tendremos que aterrizar en el mismo aeropuerto. 
Más bien temprano, porque nos estamos quedando sin combustible y no hay margen de maniobra ante una emergencia.  
En el mismo aeropuerto, porque no nos aceptan en ningún otro.
Lamentablemente, nuestras pistas están deterioradas por falta de mantenimiento. El avión no tiene paracaídas para la tripulación y los pasajeros, porque los robaron.
Y para colmo, el piloto titular está empeñado en mantenerse en el aire, aún sabiendo que se quedará sin combustible. Algunos sospechan que nunca aprendió a aterrizar.
Y aunque parece haber uno que otro con conocimientos de aeronáutica entre la tripulación e incluso alguno entre los pasajeros, no terminan de ponerse de acuerdo sobre quien, cuándo y cómo reemplazará al simplón aterrorizado que sigue al timón.

Nos espera un aterrizaje forzoso, amigos.

jueves, 7 de septiembre de 2017

¿Son lo mismo "Democracia" y "Populismo"?



De ninguna manera, aunque no es fácil deslindarlos.

La democracia es, en principio, el gobierno del "demos" (1) y para el "demos" (2) Del pueblo (1), para el pueblo (2). El "populismo", en teoría, debería ser casi lo mismo. Pero no es así. De ninguna manera.

Intentaré explicar por qué.

El concepto actual de democracia (y sí, el concepto ha ido variando: recuerden que la democracia griega, la "original", no incluía a los esclavos ni a las mujeres), hace particular énfasis en la 2da parte de la definición arriba planteada. Es decir, gobernar "para el demos". En beneficio de todos aquellos incluidos en nuestro "contrato social". Emprendedores y trabajadores, profesores y estudiantes, ingenieros, campesinos, poetas y banqueros. Economistas y rockeros. Bodegueros, camioneros, periodistas, entrevistados y lectores. Las "democracias" que no incluyen a todo el país... no son verdaderas democracias.

Y a partir de ahí, elegir a los más capacitados para cumplir con esa difícil tarea (esa sería la primera parte de la definición). Claro que debe gobernar "el pueblo", sin duda, pero siempre, en todos los casos, delegando las decisiones importantes en aquellos mejor preparados para cada tarea. El poder judicial resulta ser el caso más evidente. Porque debe estar en manos de los jueces. ¿Quién puede ponerlo en duda?

Lo mismo pasa con el resto del gobierno. Nuestros parlamentarios y, por supuesto, nuestro presidente, deberían ser elegido entre las personas más calificadas del pueblo. El ministro de Economía debería ser doctor en Economía, por supuesto. El ministro de Sanidad debería ser... médico o ingeniero, diría yo. El presidente... ¿puede ser menos calificado? ?¿Es justo que lo sea?

Y entendamos algo, es fundamental que entendamos esto: no todas las medidas que adopte un Ministro de Economía o uno de Sanidad son "obvias" para el que no sea un experto en el tema.

El populismo, por el contrario, "asume" que las mejores soluciones son "las que entiende todo el mundo". Hay que hacer "lo que dice Juan Bimba". Aunque ninguno de nosotros permitiría que Juan Bimba opere a nuestra madre.

Y ese es peligro fundamental del Populismo. Gobernar adoptando políticas y medidas supuestamente "obvias". Gobernar haciendo "lo que haría la mayoría" menos calificada. Lo que exigen a grito pelado los manifestantes en las plazas públicas. Aunque, a mediano o largo plazo, eso atente contra los intereses de esa misma mayoría.

domingo, 20 de agosto de 2017

¿Para que sirve la "Cadena de Mando" civil?


A los que creemos en la necesaria subordinación del ámbito militar al civil, no suele gustarnos la noción de “cadena de mando”. Porque en cualquier Parlamento (p.e. nuestra Asamblea) las decisiones se toman de forma consensuada. Todos pueden exponer sus argumentos.  Pero ojo, al final, la decisión adoptada por consenso es acatada por todo el mundo. En todos los países democráticos, en todo Estado de Derecho.
Las ventajas de la “cadena de mando”, sin embargo, se hacen evidentes en una emergencia. Si un buen señor se desmaya en medio de la calle, de inmediato será rodeado por un centenar de buenas gentes, todos bien intencionadas que, a grito pelado, interrumpiéndose, exigirán que se le afloje el nudo de la corbata, que no lo toquen para nada, que lo pongan en “decúbito supino”, que se le haga respiración boca a boca, que no lo muevan, que llamen al 811, que se comuniquen con Rescarven, que recen a la Virgen… Y las posibilidades de supervivencia de este buen señor serán directamente proporcionales a la rapidez con la que “alguien” tome las riendas y empiece a tomar decisiones.
Y se hacen aún más obvias en tiempos de guerra. La mayor de las “emergencias”, diría yo.
En Venezuela, en estos momentos, estamos viviendo una guerra. O por lo menos, una emergencia. Y, por decisión mayoritaria y democrática, hemos puesto al frente de nuestras fuerzas a la actual Asamblea Nacional y a los partidos coaligados en la MUD.
La decisión sobre participar o no en las elecciones regionales es compleja. Y apostaría que los capitostes y gerifaltes de Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática, COPEI y un largo etcétera comprenderán que participar “puede ser interpretado” de tal y cual forma. Y que no hacerlo, por el contrario, puede implicar tales y cuales consecuencias. Y estoy seguro que lo han discutido.
Y ya sé que no siempre las decisiones de “nuestros dirigentes” son acertadas, todos estamos conscientes de ello. No somos particularmente dotados para la sindéresis.
Pero no tiene sentido que, en el fragor de la batalla, medio ejército “decida” que las decisiones de los generales son erróneas y que “sería mejor” no seguirlas. Y que no se moverán hasta que al buen señor no le aflojen la corbata.
O se le haya rezado a la Virgen.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Constitución. Las reglas del juego.


¿Alguna vez te has puesto a jugar sin haberte puesto de acuerdo, previamente, sobre el juego al que están jugando? ¿Sin acordar las reglas de ese juego?
 

Si lo has hecho... probablemente no te importaba ganar. En un contexto de "lo importante es divertirse", suena razonable. Sea poker o tute, Baseball o "Quidditch".
 

Pero si las apuestas son importantes, como a la hora de hacer funcionar un país, la cosa cambia. Sobre todo si la situación de ese país es realmente crítica. Más aún, como suele ocurrir, si existen las más diversas opiniones no sólo sobre "como alcanzar" los objetivos nacionales sino sobre la naturaleza misma de esos objetivos. 

La Constitución, mi amigo, son las reglas del "juego político de un país". Las de toda una colectividad nacional. Y como, siguiendo con mi metáfora, es mucho lo que está en el tapete, resulta absolutamente imprescindible que nos pongamos de acuerdo sobre la naturaleza del juego, sobre sus objetivos, sobre las responsabilidades de cada jugador, sobre los recursos de los que podemos disponer y de los que no. Sobre las jugadas permitidas y las que están absolutamente prohibidas en este juego y consideradas "trampa". 


Las anteriores reglas de juego... no parecen haber servido de mucho. Y no sirven, desde luego, para entusiasmarnos a todo con un nuevo proyecto nacional.

La idea es organizarnos para responder objetivamente a las necesidades de una gran cantidad de individuos, de los más diversos grupos humanos. En una sociedad cada vez más compleja y más competitiva, las reglas deben estar orientadas a coordinar esfuerzos. No a entorpecernos mutuamente. 

  • Este acuerdo debería comenzar por definir quienes son los jugadores. Si todos creemos que el principal protagonista político es el "pueblo", empecemos por definir lo que eso significa. Porque esa dichosa palabrita ha dado lugar a muchos equívocos y debería ser lo más integradora posible, en un país esencialmente mestizo, cultural y racialmente. Un pueblo con una importante componente africana. Con cierta componente indígena. Con fuerte influencia europea (por la fuerte inmigración española, portuguesa, italiana, pero también alemana, rusa, mi apellido es Kashkaroff). Nuestro país es un complejo mosaico de minorías. No otra cosa es el "pueblo". No puede ni debe serlo.
  • Por otro lado, el acuerdo debería puntualizar el papel de cada jugador. Porque el manido recurso de "somos todos iguales" no sirve ni para el baseball (el pitcher y el segunda base, por ejemplo, cada uno tiene sus responsabilidades) ni para el "pueblo". 
Porque los médicos tienen un papel y unas responsabilidades. Los economistas, otros. Los conductores de autobús y los jugadores de beisbol profesional. Los militares y los empresarios. Los estudiantes y los abogados. Los agricultores y los técnicos en informática. 

Los "gobernantes", los responsables de los poderes públicos, por supuesto, tienen un papel y unas responsabilidades fundamentales. Y claro, deben estar tan calificados para desempeñar su papel como un médico o un economista. O más.

  • Este acuerdo debe definir también, sin entrar en demasiados detalles pero con toda claridad, "lo que queremos alcanzar", tanto en términos de objetivos como -a grandes rasgos- en cuando a la forma en la que nos organizaremos para alcanzarlos de la forma más eficaz y eficiente posible. Eso, en un mundo donde esa eficiencia ya no puede ser medida sólo en términos de "trabajo". Pero tampoco exclusivamente en términos de "capital ", puro y duro. 
Porque hoy, cada día más, lo fundamental es el "know how" y, sobre todo, el "know how colectivo". Tenerlo o no es la principal ventaja económica ... o la principal carencia de un país. Así, la diferencia entre el "capital simple" y el "capital inteligente" es lo que Ricardo Haussman, otro criollo que debería estar integrado al país, llama la "materia oscura". Esa, señala Haussman, es la causa fundamental de que Estados Unidos siga siendo una potencia aunque acumule deudas en términos de "capital simple". Porque Estados Unidos es un gran exportador de "know how".
  • Este acuerdo, añadamos para terminar, debe ser lo suficientemente flexible para responder a las necesidades y exigencias de un mundo que cambia vertigiosamente, sin tener que redactar un nuevo acuerdo cada dos por tres.
Mi opinión personal, una más de las que hay que concertar, supongo, este acuerdo debería tener una buena dosis de liberalismo. Con algo de mercado (para sentar las bases de una economía productiva) y algo de estado (para implementar los acuerdos del pacto constitucional y vigilar su cumplimiento), necesariamente ccomplementarios. 

Con un toque de socialdemocracia, absolutamente imprescindible en nuestro país. 

Deberíamos terminar, lo antes posible, con el presidencialismo, tan proclive al caudillismo, e introducir el sistema parlamentarismo. 

Y deberíamos descentralizar el país, concretando el sistema federal.
 

Esas, creo, podrían ser unas buenas reglas de juego.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Es posible un país progresista y productivo, al mismo tiempo.

Todo el mundo está de acuerdo en que Maduro lo está haciendo rematadamente mal. 
Pero… no todos están claros que el principal responsable del desastre que vive el país no es, no puede ser él. 
Porque Nicolás no tiene el "calibre" necesario para causar un desaguisado de ese tamaño. El deterioro de la situación desde el fallecimiento del "prócer bolivariano" se debe, sólo marginalmente, a los errores, torpezas y estulticia de su heredero.  
El responsable es Chávez. Y la causa principal de la actual situación, como entiende toda persona con dos dedos de frente, es el carácter no sustentable de la "revolución".  
Y la "bonanza" (muy relativa, sólo para ciertos sectores) de sus años dorados se debió, única y exclusivamente, a la escalada de los precios del petróleo. Así cualquiera. 

****************** 
Ahora, más allá de los resultados del 6D, tendremos que enterrar a Chávez. Hacerlo de verdad. 
Y para ello, tendremos que convencer a los chavistas de que es posible un país progresista sin renunciar al crecimiento económico.  
No va a ser fácil, claro. Porque gran parte de la clase media, la “intelligentsia” y los intelectuales, los periodistas y la clase política, entre “fueras” a Maduro y protestas por sus exabruptos no parecen tener muy claro lo que habría que hacer. Cómo renunciar al paternalismo que nos ha llevado a la actual situación sin caer en los excesos del liberalismo salvaje. 
Lo que pasa es que toman en cuenta las excepcionales condiciones de nuestro país para propiciar el crecimiento sin renunciar a un cierto nivel de intervencionismo estatal. 
Evidentemente, no estoy propiciando una receta liberal químicamente pura para nuestro país. No funcionaría, no puede funcionar (aunque nunca se ha aplicado en forma pura). Tenemos demasiada pobreza en el país para salir de ella sin una "componente social-demócrata" en el gobierno.  
Pero afortunadamente, seguimos teniendo la beca del petróleo. Esa que nunca hemos sabido aprovechar. 
El gobierno o régimen que suceda al chavismo, debería elaborar y negociar un proyecto alternativo que aproveche el inmenso potencial productivo del país -y la probada eficacia de los regímenes liberales para construir sociedades viables- para invitar al empresariado, nacional y extranjero, a construir, empresas y capitales, fábricas, puertos, universidades y almacenes, flotas pesqueras y bibliotecas, piscifactorías y aeropuertos, centrales térmicas y museos…   
Y , simultáneamente, utilizar gran parte de los recursos provenientes del petróleo (la beca) para corregir las evidentes ligerezas de "la mano invisible del mercado" y paliar o minimizar las grandes necesidades de los sectores populares.  
Necesidades que, en gran medida, por supuesto, serán cubiertas por la riquezas y las oportunidades generadas por la empresa privada. Pero que durante cierto tiempo todavía necesitarán apoyo técnico y financiero del Estado, para atender las necesidades en materia de salud, educación y vivienda, sobre todo. 
Por supuesto, ese gobierno tendría que abandonar las tesis "igualitaristas", que permiten el acceso de cualquier ignorante de verbo encendido al poder. Para evitar que los paracaidistas y los choferes de autobús gobiernen en un país con vocación de futuro. 
Los militares no pueden acceder al gobierno, nunca. Los curas, por otras razones, tampoco.  
Sólo profesionales que, académica o profesionalmente, hayan demostrado su capacidad de gerenciar un país.  

****************** 
La oposición debe pactar y comunicar al país un acuerdo nacional que garantice ―sin excesos retóricos, sin proclamas filosóficas, sin ideologías redentoras― medidas concretas para la reactivación del aparato productivo, sin trabas demagógicas que la hagan imposible. Pero con los correctivos que puede y debe establecer un Estado rico en un país pobre. Utilizando los recursos del petróleo. La oposición debe comunicar al país y poner por escrito su compromiso de: colaborar con el empresariado en el fortalecimiento del aparato productivo. Asegurar la transparencia. Fortalecer el aparato judicial para minimizar la corrupción y los guisos. Dictar, de inmediato, leyes realmente disuasorias contra la corrupción. Focalizar sus esfuerzos en la salud y la educación. Diseñar y estructurar un sistema de Seguridad Social generoso, en la línea del Estado de Bienestar europeo y, muy en particular, la de los países escandinavos. 
Y utilizar los recursos del petróleo para financiar todo lo que el estado liberal no pueda. 

****************** 
Sí, es posible ser productivo y progresista al mismo tiempo.