lunes, 11 de diciembre de 2017

"Los despegues son opcionales. Los aterrizajes son obligatorios". Proverbio aeronáutico.


Liquidar la 4ta república, construir el Socialismo del Siglo XXI, acabar con la exclusión, poner fin a la miseria y construir el paraíso en la tierra parecía ser un hermoso vuelo de la imaginación. Y Venezuela, más o menos unánimemente, decidió emprenderlo.
Pero, ay, no hemos logrado arribar a la tierra prometida.
En vista de ello, tarde o temprano, tendremos que aterrizar en el mismo aeropuerto. 
Más bien temprano, porque nos estamos quedando sin combustible y no hay margen de maniobra ante una emergencia.  
En el mismo aeropuerto, porque no nos aceptan en ningún otro.
Lamentablemente, nuestras pistas están deterioradas por falta de mantenimiento. El avión no tiene paracaídas para la tripulación y los pasajeros, porque los robaron.
Y para colmo, el piloto titular está empeñado en mantenerse en el aire, aún sabiendo que se quedará sin combustible. Algunos sospechan que nunca aprendió a aterrizar.
Y aunque parece haber uno que otro con conocimientos de aeronáutica entre la tripulación e incluso alguno entre los pasajeros, no terminan de ponerse de acuerdo sobre quien, cuándo y cómo reemplazará al simplón aterrorizado que sigue al timón.

Nos espera un aterrizaje forzoso, amigos.

jueves, 7 de septiembre de 2017

¿Son lo mismo "Democracia" y "Populismo"?



De ninguna manera, aunque no es fácil deslindarlos.

La democracia es, en principio, el gobierno del "demos" (1) y para el "demos" (2) Del pueblo (1), para el pueblo (2). El "populismo", en teoría, debería ser casi lo mismo. Pero no es así. De ninguna manera.

Intentaré explicar por qué.

El concepto actual de democracia (y sí, el concepto ha ido variando: recuerden que la democracia griega, la "original", no incluía a los esclavos ni a las mujeres), hace particular énfasis en la 2da parte de la definición arriba planteada. Es decir, gobernar "para el demos". En beneficio de todos aquellos incluidos en nuestro "contrato social". Emprendedores y trabajadores, profesores y estudiantes, ingenieros, campesinos, poetas y banqueros. Economistas y rockeros. Bodegueros, camioneros, periodistas, entrevistados y lectores. Las "democracias" que no incluyen a todo el país... no son verdaderas democracias.

Y a partir de ahí, elegir a los más capacitados para cumplir con esa difícil tarea (esa sería la primera parte de la definición). Claro que debe gobernar "el pueblo", sin duda, pero siempre, en todos los casos, delegando las decisiones importantes en aquellos mejor preparados para cada tarea. El poder judicial resulta ser el caso más evidente. Porque debe estar en manos de los jueces. ¿Quién puede ponerlo en duda?

Lo mismo pasa con el resto del gobierno. Nuestros parlamentarios y, por supuesto, nuestro presidente, deberían ser elegido entre las personas más calificadas del pueblo. El ministro de Economía debería ser doctor en Economía, por supuesto. El ministro de Sanidad debería ser... médico o ingeniero, diría yo. El presidente... ¿puede ser menos calificado? ?¿Es justo que lo sea?

Y entendamos algo, es fundamental que entendamos esto: no todas las medidas que adopte un Ministro de Economía o uno de Sanidad son "obvias" para el que no sea un experto en el tema.

El populismo, por el contrario, "asume" que las mejores soluciones son "las que entiende todo el mundo". Hay que hacer "lo que dice Juan Bimba". Aunque ninguno de nosotros permitiría que Juan Bimba opere a nuestra madre.

Y ese es peligro fundamental del Populismo. Gobernar adoptando políticas y medidas supuestamente "obvias". Gobernar haciendo "lo que haría la mayoría" menos calificada. Lo que exigen a grito pelado los manifestantes en las plazas públicas. Aunque, a mediano o largo plazo, eso atente contra los intereses de esa misma mayoría.

domingo, 20 de agosto de 2017

¿Para que sirve la "Cadena de Mando" civil?


A los que creemos en la necesaria subordinación del ámbito militar al civil, no suele gustarnos la noción de “cadena de mando”. Porque en cualquier Parlamento (p.e. nuestra Asamblea) las decisiones se toman de forma consensuada. Todos pueden exponer sus argumentos.  Pero ojo, al final, la decisión adoptada por consenso es acatada por todo el mundo. En todos los países democráticos, en todo Estado de Derecho.
Las ventajas de la “cadena de mando”, sin embargo, se hacen evidentes en una emergencia. Si un buen señor se desmaya en medio de la calle, de inmediato será rodeado por un centenar de buenas gentes, todos bien intencionadas que, a grito pelado, interrumpiéndose, exigirán que se le afloje el nudo de la corbata, que no lo toquen para nada, que lo pongan en “decúbito supino”, que se le haga respiración boca a boca, que no lo muevan, que llamen al 811, que se comuniquen con Rescarven, que recen a la Virgen… Y las posibilidades de supervivencia de este buen señor serán directamente proporcionales a la rapidez con la que “alguien” tome las riendas y empiece a tomar decisiones.
Y se hacen aún más obvias en tiempos de guerra. La mayor de las “emergencias”, diría yo.
En Venezuela, en estos momentos, estamos viviendo una guerra. O por lo menos, una emergencia. Y, por decisión mayoritaria y democrática, hemos puesto al frente de nuestras fuerzas a la actual Asamblea Nacional y a los partidos coaligados en la MUD.
La decisión sobre participar o no en las elecciones regionales es compleja. Y apostaría que los capitostes y gerifaltes de Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática, COPEI y un largo etcétera comprenderán que participar “puede ser interpretado” de tal y cual forma. Y que no hacerlo, por el contrario, puede implicar tales y cuales consecuencias. Y estoy seguro que lo han discutido.
Y ya sé que no siempre las decisiones de “nuestros dirigentes” son acertadas, todos estamos conscientes de ello. No somos particularmente dotados para la sindéresis.
Pero no tiene sentido que, en el fragor de la batalla, medio ejército “decida” que las decisiones de los generales son erróneas y que “sería mejor” no seguirlas. Y que no se moverán hasta que al buen señor no le aflojen la corbata.
O se le haya rezado a la Virgen.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Constitución. Las reglas del juego.


¿Alguna vez te has puesto a jugar sin haberte puesto de acuerdo, previamente, sobre el juego al que están jugando? ¿Sin acordar las reglas de ese juego?
 

Si lo has hecho... probablemente no te importaba ganar. En un contexto de "lo importante es divertirse", suena razonable. Sea poker o tute, Baseball o "Quidditch".
 

Pero si las apuestas son importantes, como a la hora de hacer funcionar un país, la cosa cambia. Sobre todo si la situación de ese país es realmente crítica. Más aún, como suele ocurrir, si existen las más diversas opiniones no sólo sobre "como alcanzar" los objetivos nacionales sino sobre la naturaleza misma de esos objetivos. 

La Constitución, mi amigo, son las reglas del "juego político de un país". Las de toda una colectividad nacional. Y como, siguiendo con mi metáfora, es mucho lo que está en el tapete, resulta absolutamente imprescindible que nos pongamos de acuerdo sobre la naturaleza del juego, sobre sus objetivos, sobre las responsabilidades de cada jugador, sobre los recursos de los que podemos disponer y de los que no. Sobre las jugadas permitidas y las que están absolutamente prohibidas en este juego y consideradas "trampa". 


Las anteriores reglas de juego... no parecen haber servido de mucho. Y no sirven, desde luego, para entusiasmarnos a todo con un nuevo proyecto nacional.

La idea es organizarnos para responder objetivamente a las necesidades de una gran cantidad de individuos, de los más diversos grupos humanos. En una sociedad cada vez más compleja y más competitiva, las reglas deben estar orientadas a coordinar esfuerzos. No a entorpecernos mutuamente. 

  • Este acuerdo debería comenzar por definir quienes son los jugadores. Si todos creemos que el principal protagonista político es el "pueblo", empecemos por definir lo que eso significa. Porque esa dichosa palabrita ha dado lugar a muchos equívocos y debería ser lo más integradora posible, en un país esencialmente mestizo, cultural y racialmente. Un pueblo con una importante componente africana. Con cierta componente indígena. Con fuerte influencia europea (por la fuerte inmigración española, portuguesa, italiana, pero también alemana, rusa, mi apellido es Kashkaroff). Nuestro país es un complejo mosaico de minorías. No otra cosa es el "pueblo". No puede ni debe serlo.
  • Por otro lado, el acuerdo debería puntualizar el papel de cada jugador. Porque el manido recurso de "somos todos iguales" no sirve ni para el baseball (el pitcher y el segunda base, por ejemplo, cada uno tiene sus responsabilidades) ni para el "pueblo". 
Porque los médicos tienen un papel y unas responsabilidades. Los economistas, otros. Los conductores de autobús y los jugadores de beisbol profesional. Los militares y los empresarios. Los estudiantes y los abogados. Los agricultores y los técnicos en informática. 

Los "gobernantes", los responsables de los poderes públicos, por supuesto, tienen un papel y unas responsabilidades fundamentales. Y claro, deben estar tan calificados para desempeñar su papel como un médico o un economista. O más.

  • Este acuerdo debe definir también, sin entrar en demasiados detalles pero con toda claridad, "lo que queremos alcanzar", tanto en términos de objetivos como -a grandes rasgos- en cuando a la forma en la que nos organizaremos para alcanzarlos de la forma más eficaz y eficiente posible. Eso, en un mundo donde esa eficiencia ya no puede ser medida sólo en términos de "trabajo". Pero tampoco exclusivamente en términos de "capital ", puro y duro. 
Porque hoy, cada día más, lo fundamental es el "know how" y, sobre todo, el "know how colectivo". Tenerlo o no es la principal ventaja económica ... o la principal carencia de un país. Así, la diferencia entre el "capital simple" y el "capital inteligente" es lo que Ricardo Haussman, otro criollo que debería estar integrado al país, llama la "materia oscura". Esa, señala Haussman, es la causa fundamental de que Estados Unidos siga siendo una potencia aunque acumule deudas en términos de "capital simple". Porque Estados Unidos es un gran exportador de "know how".
  • Este acuerdo, añadamos para terminar, debe ser lo suficientemente flexible para responder a las necesidades y exigencias de un mundo que cambia vertigiosamente, sin tener que redactar un nuevo acuerdo cada dos por tres.
Mi opinión personal, una más de las que hay que concertar, supongo, este acuerdo debería tener una buena dosis de liberalismo. Con algo de mercado (para sentar las bases de una economía productiva) y algo de estado (para implementar los acuerdos del pacto constitucional y vigilar su cumplimiento), necesariamente ccomplementarios. 

Con un toque de socialdemocracia, absolutamente imprescindible en nuestro país. 

Deberíamos terminar, lo antes posible, con el presidencialismo, tan proclive al caudillismo, e introducir el sistema parlamentarismo. 

Y deberíamos descentralizar el país, concretando el sistema federal.
 

Esas, creo, podrían ser unas buenas reglas de juego.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Es posible un país progresista y productivo, al mismo tiempo.

Todo el mundo está de acuerdo en que Maduro lo está haciendo rematadamente mal. 
Pero… no todos están claros que el principal responsable del desastre que vive el país no es, no puede ser él. 
Porque Nicolás no tiene el "calibre" necesario para causar un desaguisado de ese tamaño. El deterioro de la situación desde el fallecimiento del "prócer bolivariano" se debe, sólo marginalmente, a los errores, torpezas y estulticia de su heredero.  
El responsable es Chávez. Y la causa principal de la actual situación, como entiende toda persona con dos dedos de frente, es el carácter no sustentable de la "revolución".  
Y la "bonanza" (muy relativa, sólo para ciertos sectores) de sus años dorados se debió, única y exclusivamente, a la escalada de los precios del petróleo. Así cualquiera. 

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Ahora, más allá de los resultados del 6D, tendremos que enterrar a Chávez. Hacerlo de verdad. 
Y para ello, tendremos que convencer a los chavistas de que es posible un país progresista sin renunciar al crecimiento económico.  
No va a ser fácil, claro. Porque gran parte de la clase media, la “intelligentsia” y los intelectuales, los periodistas y la clase política, entre “fueras” a Maduro y protestas por sus exabruptos no parecen tener muy claro lo que habría que hacer. Cómo renunciar al paternalismo que nos ha llevado a la actual situación sin caer en los excesos del liberalismo salvaje. 
Lo que pasa es que toman en cuenta las excepcionales condiciones de nuestro país para propiciar el crecimiento sin renunciar a un cierto nivel de intervencionismo estatal. 
Evidentemente, no estoy propiciando una receta liberal químicamente pura para nuestro país. No funcionaría, no puede funcionar (aunque nunca se ha aplicado en forma pura). Tenemos demasiada pobreza en el país para salir de ella sin una "componente social-demócrata" en el gobierno.  
Pero afortunadamente, seguimos teniendo la beca del petróleo. Esa que nunca hemos sabido aprovechar. 
El gobierno o régimen que suceda al chavismo, debería elaborar y negociar un proyecto alternativo que aproveche el inmenso potencial productivo del país -y la probada eficacia de los regímenes liberales para construir sociedades viables- para invitar al empresariado, nacional y extranjero, a construir, empresas y capitales, fábricas, puertos, universidades y almacenes, flotas pesqueras y bibliotecas, piscifactorías y aeropuertos, centrales térmicas y museos…   
Y , simultáneamente, utilizar gran parte de los recursos provenientes del petróleo (la beca) para corregir las evidentes ligerezas de "la mano invisible del mercado" y paliar o minimizar las grandes necesidades de los sectores populares.  
Necesidades que, en gran medida, por supuesto, serán cubiertas por la riquezas y las oportunidades generadas por la empresa privada. Pero que durante cierto tiempo todavía necesitarán apoyo técnico y financiero del Estado, para atender las necesidades en materia de salud, educación y vivienda, sobre todo. 
Por supuesto, ese gobierno tendría que abandonar las tesis "igualitaristas", que permiten el acceso de cualquier ignorante de verbo encendido al poder. Para evitar que los paracaidistas y los choferes de autobús gobiernen en un país con vocación de futuro. 
Los militares no pueden acceder al gobierno, nunca. Los curas, por otras razones, tampoco.  
Sólo profesionales que, académica o profesionalmente, hayan demostrado su capacidad de gerenciar un país.  

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La oposición debe pactar y comunicar al país un acuerdo nacional que garantice ―sin excesos retóricos, sin proclamas filosóficas, sin ideologías redentoras― medidas concretas para la reactivación del aparato productivo, sin trabas demagógicas que la hagan imposible. Pero con los correctivos que puede y debe establecer un Estado rico en un país pobre. Utilizando los recursos del petróleo. La oposición debe comunicar al país y poner por escrito su compromiso de: colaborar con el empresariado en el fortalecimiento del aparato productivo. Asegurar la transparencia. Fortalecer el aparato judicial para minimizar la corrupción y los guisos. Dictar, de inmediato, leyes realmente disuasorias contra la corrupción. Focalizar sus esfuerzos en la salud y la educación. Diseñar y estructurar un sistema de Seguridad Social generoso, en la línea del Estado de Bienestar europeo y, muy en particular, la de los países escandinavos. 
Y utilizar los recursos del petróleo para financiar todo lo que el estado liberal no pueda. 

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Sí, es posible ser productivo y progresista al mismo tiempo.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El altruismo y el "hit parade" evolutivo


Solemos pensar que el "altruismo"(1) es un comportamiento extraño (o, incluso, "francamente sospechoso", añadiría alguno).
En el mejor de los casos, solemos reconocer que es un comportamiento "deseable". Porque ser "buena gente", "buen vecino" y "buen ciudadano" suele redundar en el reconocimiento público de esas virtudes. En la generación de menos conflictos, casi siempre. E incluso, muy probablemente, en un incremento de la convivencia, de la "paz social".
Y claro, nunca faltará quien señale que ese comportamiento es el único realmente cristiano. El que nos garantiza, seguro, el reino de los cielos.
Pero, asumámoslo, confesémoslo, el reino de los cielos no es un objetivo prioritario para la mayor parte de nosotros.
Y ya sintiéndonos inmersos en el cinismo nos decimos de inmediato, con gran aplomo y una sonrisa inteligente, que el egoísmo (aunque no sea moral, ni ético, etc. etc.) es una actitud más "natural". Más adecuada para la competencia y la supervivencia del más apto. "Sobre todo en nuestros días" (como si estos fueran más amables, más civilizados que los ya lejanos de nuestros tatarabuelos cavernícolas o nuestros abuelos, caballeros o campesinos medioevales).
Incluso hacemos mención de esos famosos "genes egoístas" cuyo único fin es perpetuarse.
Pero eso, amigos ... no es estrictamente cierto. 
Porque ha sido el comportamiento altruista el que permitido la supervivencia de la especie humana. Y su carrera de éxitos hasta alcanzar el primer lugar del "hit parade" evolutivo.
Porque nos ha permitido, a un pequeño animalito, débil, lento y frágil (comparado, por ejemplo, con un gorila, una gacela o un rinoceronte), salir a cazar mamuts. Y defendernos, con éxito, de todos los depredadores del planeta.
Alguno dirá -sólo por discutir, claro- que no ha sido el altruismo, sino la inteligencia.
Pero lo cierto es que nuestros tatarabuelos no empezaron por diseñar un ordenador o la vacuna contra la polio. 
Comenzaron utilizando su privilegiada materia gris para llegar a la conclusión de que sólo podíamos sobrevivir trabajando en equipo. Lo cual implicaba ayudarnos los unos a los otros, constantemente. Cada vez que la supervivencia estuviese en juego. Es decir: casi siempre.
La conducta altruista, aunque implique (por definición) procurar el bien de las personas "de manera desinteresada", casi siempre terminaba redundando en beneficio objetivo del grupo, de la colectividad. 
Con esta "inteligente" opción por la conducta altruista el hombre fue edificando sociedades cada vez más complejas, más ricas, mejor equipadas para la vida. El nivel de aporte de cada individuo a la colectividad, por supuesto, variaba de un grupo humano a otro. De una cultura a otra. Pero el "egoista", el que -pudiendo- no aportaba nada a la sociedad, casi siempre terminaba siendo repudiado por ésta. 
Y, a partir de aquí, algunas colectividades, grupos humanos, culturas, países, han progresado más que otros. En gran medida porque han logrado una más eficaz colaboración entre sus integrantes. Porque han logrado canalizar con mayor efectividad sus conductas altruistas.
Esto, que ya me parecía bastante razonable, ahora está siendo científicamente avalado,  desde un perspectiva genética. Porque ahora algunos autores sostienen que la selección natural actúa sobre entidades diferentes del organismo individual. Concretamente, sobre grupos, sobre colectivos y especies. Aquí tienen los artículos que inspiraron éste.  


El 6 de diciembre pondremos a prueba nuestro altruismo. No lo olvides.
 
(1).- Altruismo: Tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio.

sábado, 11 de abril de 2015

¿Eres "igualito" a Maduro?



Y ya puestos a hacer preguntas capciosas: ¿Dirías que Maduro es igual a Chávez? ¿O quizás a Capriles? ¿A Obama, tal vez?
¿O quizás creas que Chávez era idéntico a Mao Tse Tung? ¿O a Castro? Y ya puestos, ¿será que Raúl es igual a Fidel? ¿Era Chávez igual a Carlos Andrés? ¿A Bill Gates? ¿A Lorenzo Mendoza?
Y si quieres hacer aún más obvias las respuestas, ¿Es Maduro "igualito" a Corina?