domingo, 21 de julio de 2013

Lamentablemente, Asimov se equivocaba.

Isaac Asimov, entre su vasta producción literaria (CF e Historia, principalmente), dedicó varias obras al tema de los "robots". Específicamente, a los "androides", mecanismos de forma humanoide dotados de un alto nivel de autonomía gracias a su "cerebro positrónico" (un equivalente profético a un ordenador o computador). Y sujetos de una popularísima modalidad paranoide: la de la rebelión de los robots quienes, convencidos de su superioridad innata sobre el ser humano, deciden acabar con su reinado.

Asimov, por supuesto, había previsto esa eventualidad y concebido, para prevenirla, las ya famosas "leyes de la robótica", implantadas en el cerebro de todos los robots y que impedían, por un tema de programación, hacerle cualquier daño a un ser humano.


Pues bien, ahora que el número de robots en el mundo crece casi exponencialmente (máquinas que producen zapatillas, televisores, camiones, pistolas y juguetes, bisturís electrónicos, tanques, maquinaria agrícola, teléfonos celulares y ordenadores), nadie parece estar interesado en crear un androide. ¿Para qué? En la fábrica, las máquinas robotizadas no humanoides son muchísimos más eficientes, más productivas. Y más económicas. Porque están "especializadas", todo lo contrario de un ser humano, un "todo terreno" por definición. Y eso que la palabra "robot" viene de "robotnik" que en varios idiomas eslavos significa "trabajador" (derivada de "robota", "trabajo").

Y para las relativamente pocas ocupaciones de bajo nivel de especialización donde convendría un trabajador humanoide (mayordomos, asistentes domésticos, policías, salvavidas, enfermeras, secretarias), no tiene sentido crear uno mecánico porque cada día hay más seres humanos "reales" disponibles. Hoy en día, aún asumiendo una cierta ralentización del boom poblacional (¡¡¡!!!), cada día tenemos más trabajadores poco calificados a los que hay que ofrecerles una ocupación... o tendrá que mantener el Estado, la sociedad, el "sistema".

No. Nunca veremos una rebelión de robots humanoides. Salvo en las salas de cine.


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